Viernes 25/05/2012

 ¿Aguantaremos hasta septiembre?. Y si es así, ¿para qué?

Por Carlos Rilova Jericó 

Unanimidad. De hecho, monotonía. Eso es lo que ha predominado, una vez más, en las noticias de toda esta última semana.

Apenas ha habido cambios con respecto a lo que se podía ver, leer, analizar… en la prensa y en la televisión la semana anterior a ésta, o la anterior a la anterior.

Los telediarios matinales del martes, por ejemplo, tanto el neutral de la cadena -todavía- pública presentado por Susana Roza y Ana Roldán, como el de Antena 3 conducido por Luis Fraga y Sandra Golpe, daban, más o menos, la misma versión de los hechos: en la cumbre de la OTAN en Chicago se había formado un conciliábulo -al parecer tan torvo como ese del que hablaba Stephen Crane en “La roja insignia del valor”- que, a su vez, había dado lugar a una futura reunión entre la cuatro grandes economías de la Eurozona, Alemania, Francia, Italia y, sí, también España.

Según se desprendía de esa noticia fundamental, el objetivo de esa reunión en la que el mensajero y coordinador parece haber sido Mario Monti, es lograr que España no salte por los aires y con ella el resto de la Eurozona, dando lugar a una crisis que -dado, por ejemplo, el interés del presidente estadounidense, también transparentado en esa fértil reunión de Chicago- parece no interesar demasiado a nadie en ambos hemisferios mundiales.

Esa reunión, sin embargo, dejaba planteadas graves incógnitas. Por ejemplo cabe preguntarse si con ella sólo se trata de evitar el estallido -o la implosión, tanto da- de la economía española lastrada por el llamado “ladrillazo” o, aparte de ese objetivo básico, es, sencillamente, una encerrona de Angela Merkel para persuadir a François Hollande de su soledad y de la imposibilidad de implementar en Europa políticas que disgusten, lo más mínimo, al círculo de banqueros de Frankfurt que, hoy por hoy, dirigen de facto, aunque no de iure, a la Unión Europea gracias a la CDU de la canciller Merkel.

Lo que se desprendía de informativos como el de TVE o el de Antena 3 parece insinuar que la política de austeridad fiscal que está asfixiando a Grecia, y amenaza hacer lo mismo con España, es un objetivo irrenunciable de, al menos, tres de los cuatro elementos que se van a reunir en ese, en efecto, torvo conciliábulo urdido en la cumbre de la OTAN en Chicago. Pero, al mismo tiempo, parece que esa obtusa visión de las cosas sostenida a ultranza por la canciller Merkel está perdiendo ya a fecha de hoy parte de su rigidez, admitiendo medidas de estimulo -es decir, de gasto- de inversión para poner nuevamente en marcha la circulación monetaria fundamental para que cualquier economía funcione.

Esto, como declaración de intenciones, no está nada mal. Suena, de hecho, muy bien, muy razonable. Sobre todo cuando Mariano Rajoy resumió -con su habitual flema gallega- cómo se pensaba hacer las cosas a ese respecto, lanzando a los cuatro vientos de Chicago -conocida precisamente como “la ciudad del viento”-  que austeridad fiscal y estímulo a la economía no son incompatibles, sino una y la misma cosa y que, por tanto, de la, al parecer, tan prometedora reunión a la que se le ha citado va a salir la solución a la actual, inacabable, crisis…

El problema con teorías económicas como éstas es el mismo que el del Marxismo. A saber, que suelen deteriorarse bastante en el trecho que va del manual en el que está expuesta la teoría al momento de su aplicación en la practica.

Sólo para empezar, Mariano Rajoy al mismo tiempo que daba explicaciones como esas en Chicago daba también largas.             Seguía así regalando a su auditorio vaguedades tales como que en septiembre habría una conferencia de inversores para atraer capitales a España.

Otra vez un bello plan que, en la práctica, tiene algunos inconvenientes. El primero que retrasa las medidas que realmente necesita la economía española hasta dentro de cuatro meses, cuando quizás pueda ser demasiado tarde para demasiados.

El segundo que, aunque incluso no fuera demasiado tarde, no existe garantía alguna de que de esa especie de feria comercial vaya a salir todo el capital que la economía española necesita, ya que un porcentaje, tal vez crítico, de los posibles inversores que acudan no tengan ni la más mínima intención de arriesgar ni uno sólo de sus euros en España… Y no haya modo de convencerles de lo contrario.

Sería una reacción lógica por otra parte teniendo en cuenta lo que ocurrió con la última remesa de grandes inversiones alemanas para España durante la última década: la mayor parte de ellas fueron, como ya sabemos, a engrosar la burbuja inmobiliaria que hoy mismo sigue siendo el principal problema de la economía española y, a través de ella, de la de la Eurozona y, en última instancia, del Mundo entero…

Las explicaciones que el miércoles, a petición propia, dio el ministro de Guindos -principal responsable de todo lo que ha ocurrido o pueda ocurrir a ese respecto- ante el Congreso fueron en su línea habitual. Es decir, en la de manejar una serie de tecnicismos bastante vacuos, salpicar dos o tres obviedades a las señorías que lo interpelaron -como, por ejemplo, que lo de Bankia era un mal asunto y se había llevado mal, pero que “pronto” se arreglaría…- y no dejar ver con claridad ni una sola de las medidas prácticas que, se supone, va a aplicar para reactivar una economía española completamente gripada…

Por ejemplo nada dijo de cómo va a resolver el problema del peculiar pufo inmobiliario español que ya desde 2007, al comienzo de la crisis, algunos describían –acertadamente- como una verdadera losa que -como se ha visto a lo largo de estos cinco largos años- ha paralizado el consumo, la producción, la creación de empleo, etc., etc…

Sobre eso, tapado por el humo de la caída de Bankia -que, en realidad, no es nada más que un síntoma- nada se podía leer, por ejemplo, en los editoriales de los dos grandes periódicos nacionales -“El País y “El Mundo”- de ayer jueves, cuando se hizo balance de esa comparecencia.

Una mala señal, verdaderamente pésima, y que parece dar a entender que el gobierno Rajoy -hablando por boca de su portavoz más autorizado, casi supremo, no otro que Luis de Guindos- o no sabe, o no puede, o no quiere aplicar las medidas drásticas necesarias para desinflar esa burbuja que es, en efecto, la única vía de escape a la gigantesca implosión que podría sobrevenir de dejarse las cosas tal y como están. Con un supuesto gobierno arréglalotodo, dotado casi de poderes taumatúrgicos dedicándose en realidad a esperar la próxima quiebra bancaria para acudir a poner un simple parche de dinero público con el que cubrir las vergüenzas de un sistema -el de la economía desregulada- que, a cada día que pasa, queda más y más en evidencia, como un flagrante fracaso que recuerda al momento en el que la economía soviética colapsó allá por 1991.  

La única buena noticia a ese respecto, tal y como se podía leer en “El País” del miércoles -a falta de que las epidemias de hambre en África sean cosa del pasado-, es que los hasta hoy inoperantes indignados del 15-M han decidido poner en marcha una campaña, centrada sobre Rodrigo Rato, para denunciar el supuesto “milagro” económico conseguido por el primer gobierno del PP que, sin embargo, como se está viendo ahora mismo, sólo llevaba al siniestro callejón sin salida en el que ahora nos encontramos.

Quizás llegue pronto el día en el que ese mismo movimiento reclame, de manera efectiva, no la dación en pago de bienes que, de no mediar el abuso y la usura, ya estarían pagados hace tiempo, sino la petición de cuentas, en los juzgados a todos aquellos que permitieron que sobre España cayese una losa inmobiliaria de tal magnitud que amenaza, hoy por hoy, a la economía Mundial. 

No estaría nada mal que así fuera. Sería, simplemente, justo y beneficioso para todos. Incluso para aquellos que no sabían lo que se hacían allá por el año 1998, cuando ponían en vigor una nueva Ley del Suelo que, hoy por hoy, sólo podría alardear de haber conseguido pudrir la economía española hasta su misma raíz y amenazar así al resto de la Eurozona y del Mundo con una crisis de proporciones catastróficas de la  que la suspensión de la cotización de Bankia en Bolsa hace escasos minutos, tal y como ha informado Marc Campdelacreu en “Los desayunos  de TVE” de Ana Pastor, parece ser tan sólo otro indicio más…

 

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