Viernes 8/06/2012

¿La única noticia es que no hay noticias?. Un buen motivo (entre otros) para abrir un paréntesis informativo

Por Carlos Rilova Jericó

 ¿Merece la pena comentar y analizar todas las semanas una actualidad informativa que no es actualidad?.

La respuesta más cabal a una pregunta así es que, como mínimo, resulta bastante dudoso dedicar el esfuerzo de una página semanal a un panorama informativo acaparado por un acontecimiento que no ha hecho sino estancarse durante los últimos meses en un rumbo totalmente previsible.

El acontecimiento en cuestión es la crisis española que parece ir a convertirse en una especie de equivalente al “detonante alemán” que en 1933 convirtió el “crack” del 29 en el desastre por todos conocido, el que culminó con la Segunda Guerra Mundial y la pulverización, literal, de Europa

En efecto, quienes hayan seguido esta página se habrán dado cuenta que desde noviembre de 2011 las noticias que se analizan cada semana en ella giran, más o menos, sobre lo mismo: el pufo inmobiliario español sigue ahí incólume, sin que los responsables de cortar ese nudo gordiano se atrevan a hacerlo. Dando vueltas en torno al paciente, administrándole medicamentos para los síntomas de la enfermedad -como señaló de manera muy gráfica el jefe de la oposición hace unas semanas- pero siendo incapaces de prescribirle una cura que acabe con la verdadera causa de los males de ese enfermo que amenaza con desencadenar sobre Europa y el resto del Mundo algo que, por seguir con las comparaciones médicas, equivaldría a una epidemia similar a la Gran Plaga de 1348.

Esta semana ese panorama no ha variado lo más mínimo. Si se seguía el martes, o el miércoles o el jueves telediarios matinales como el de Antena 3 presentado por Luis Fraga y Sandra Golpe o el público de TVE conducido por Susana Roza y Ana Roldán, se constataba sin mucha dificultad que, poco más o menos, estamos donde estábamos en noviembre de 2011. Ante esa situación de bache económico sobre el que se nos hace dar vueltas y más vueltas consiguiendo que se convierta en una especie de agujero negro cada vez más profundo y que, como buen agujero negro, amenaza con tragárselo todo y llevarlo a una dimensión desconocida.

Incluso fieles defensores de la victoria popular del 20-N como Eduardo García Serrano clamaban el martes en su telediario de mediodía en Intereconomía por explicaciones respecto a qué va a pasar a partir de aquí, por noticias sobre cómo se va a sanear a unos bancos cada vez más comprometidos, quién lo va a hacer y a cambio de qué.

Todas ellas preguntas muy pertinentes que, también desde hace seis meses, y todavía hoy, siguen sin respuesta.

Una situación que se hacía claramente patente en uno de los editoriales de “El economista”, que señalaba este lunes la necesidad de que el gabinete Rajoy se atreviera, al fin, a organizar el banco malo que, según esa cabecera, parece ser la única solución viable al problema que consume la realidad que nos rodea -cada vez más estrechamente- desde hace meses.

Un consejo que ha caído, al parecer, en saco roto, o -quizás esto sea lo más probable- va a ser aplicado siguiendo la pauta de acción habitual en ese gobierno: de repente y por las bravas y de acuerdo a una ortodoxia neocon que, faltaría más, lo fía todo a la “mano invisible” de los mercados, a la no intervención -o a la intervención selectiva a favor de las grandes empresas- como única política económica. Es decir, a practicar una y otra vez la misma política que nos ha llevado al callejón sin salida en el que estamos, encerrándonos en un bucle demencial que sólo puede acabar con las peores perspectivas, hoy convertidas en cruda realidad por el empeño de unos fanáticos en imponer una doctrina política y económica que sólo beneficia, y a muy corto plazo, a una fracción ínfima de la sociedad.

Así pues, si hay banco malo -o como lo quieran llamar- es evidente que a nadie -en el sector financiero, ni en el político- se le pedirán cuentas por la sobretasación de activos inmobiliarios que, por esa misma razón, hoy se han vuelto “tóxicos”, que las pérdidas se socializarán -vía impuestos cada vez más altos y abundantes- y que las ganancias para el sector financiero seguirán siendo las mismas en el caso de los activos que, con mucho esfuerzo, consigan no convertirse en tóxicos, haciendo que los atrapados en esas hipotecas redactadas en términos abusivos, verdaderamente draconianos, sigan pagando precios anteriores a la crisis de 2007 por un bien que no vale ni una tercera parte de lo que se les obligó a firmar hace cinco, diez, quince años…

En resumen, a fecha de hoy, con mejoría de la prima de riesgo o sin ella, con decisiones audaces en la Eurozona o no, parece evidente que se saldrá de la crisis por la derecha. Si es que se sale. Y esa será la noticia principal que tendremos que oír, leer y ver durante los próximos meses, quizás años.

Una buena razón para hacer inútil extenderse más en este comentario de una actualidad que no es actualidad y que constituye también una gran ocasión para iniciar un largo paréntesis en la actividad de este espigador desde este mismo viernes hasta una ocasión más oportuna. 

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